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Gustavo “Cuchi” Leguizamón nació en Salta, un 29 de septiembre de 1917, y desde muy pequeño pareció escuchar sonidos donde los demás apenas encontraban silencio. A los dos años recibió una quena y, según la historia familiar, llegó a arrancarle casi entero “El Barbero de Sevilla”.

Más tarde la guitarra, el bombo y finalmente el piano. También el Derecho, la docencia, la política y treinta años de ejercicio de la abogacía. Pero la música siempre estuvo allí, latiendo en cada instante de su vida.

Su encuentro con Manuel Castilla fue decisivo. Juntos construyeron algunas de las páginas más perdurables del folclore argentino, con zambas, chacareras, carnavalitos y vidalas donde convivieron el amor, la tragedia, la ternura y el sarcasmo. “Zamba del pañuelo”, “La Pomeña”, “Zamba de Balderrama”, “La Arenosa” y “Zamba del Laurel” son apenas algunos nombres de ese universo.

“Cuchi” no entendía la música como un adorno. La entendía como una forma de vida. Por eso podía detenerse ante un muchacho que silbaba una de sus melodías y encontrar allí la verdadera razón de su oficio.

Amaba la baguala, admiraba a Bach, Beethoven, Ravel y Mahler, escuchaba jazz y música brasileña. Hasta imaginó conciertos de campanarios y locomotoras. Así era: irreverente, curioso, profundamente salteño.

Partió en su ciudad el 27 de septiembre de 2000, cuando contaba 82 años. Dos días después habría cumplido 83. Pero algunos artisas no conocen despedidas. “Cuchi”, todavía, sigue conmoviendo.

Autor: admin