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El tango también se escribe con pequeñas historias. Algunas quedan prendidas en una melodía; otras sobreviven en una anécdota que parece mínima, pero que con los años termina contando mucho más de una época. Luciano Leocata escribió esa clase de historia.

De adolescente se acercó al bandoneón y tuvo como maestros a José Lopresti y Juan Barraco. Muy joven llegó a la orquesta de Juan Pedro Castillo y luego pasó por la formación de José Tinelli, con quien tocó en Radio Stentor, una de las emisoras pioneras de la radio argentina.

Después vendrían quince años junto a Florindo Sassone, con actuaciones en Radio El Mundo y giras por el interior. En 1944 integró, bajo la dirección de Enrique Alessio, la orquesta que acompañó a Alberto Castillo, vínculo que se prolongó durante una década. Más tarde trabajó junto a Héctor Pacheco, luego de la salida del cantor de la orquesta de Osvaldo Fresedo.

En 1959 llegó el momento de ponerse al frente de su propia agrupación. Radio Belgrano, el Marabú, Sans Souci y El Avión fueron algunos de los escenarios de aquella etapa, además de las grabaciones para Music Hall.

Pero había algo más. Junto al letrista Abel Aznar construyó varios éxitos y una curiosa marca autoral: “Y… volvemos a querernos”, “Y… mientes todavía”, “Y… todavía te quiero” y “Y… todo es mentira”. Todo nació por una casualidad burocrática: “Volvemos a querernos” ya estaba registrado. Le agregaron una “Y…” y aquella solución terminó convirtiéndose en sello.

Leocata partió dejando algo más que grabaciones: dejó una manera de contar el tango desde el bandoneón, la orquesta y esas pequeñas casualidades que, a veces, también hacen historia.

Autor: admin