Un poeta del tango que dibujó el alma porteña: Leopoldo Díaz Vélez, el eterno enamorado que dejó más de cuatrocientos versos | Raúl Anunciata
Nacido en el Barrio Norte el 1 de septiembre de 1917 y fallecido el 4 de julio de 2007, Leopoldo Díaz Vélez fue recitador, cantor y letrista de tango. Autor de más de cuatrocientas obras registradas, dejó temas que grabaron Tita Merello, Ángel Vargas, Enrique Campos y tantas otras voces que aún resuenan.
Desde niño, Leopoldo Díaz Vélez respiró tango. Su padre lo llevó a los ocho años a escuchar a Carlos Gardel en el Teatro Olimpo, a pasos de su casa en avenida Santa Fe. En ese hogar del Barrio Norte confluían músicos y poetas como Alfredo Bevilacqua y Gerónimo Gradito.
Empezó a componer versos de pibe, “fatales”, según confesaba, donde siempre moría alguien. A los veinte años, junto a Julio Benítez, escribió su primer tango, “Hoy quiero vivir”, que nunca registró. Trabajaba en el Correo Central cuando el bandoneonista Juan Spósito lo impulsó a ingresar en SADAIC. Presentó cinco temas, entre ellos “1910”, que más tarde grabó Ángel Vargas.
Su carrera comenzó como cantor y recitador. Actuó con orquestas de Emilio Balcarce, Francisco Rotundo, Armando Pontier y otros. Recitó milongas de Juan Manuel Pombo en clubes, radios y el cine Mignón de Belgrano, acompañado a veces por el conjunto de armónicas de Rodolfo Ferreira. Su poesía, primero dramática y casi naif, se tornó romántica y delicada, alimentada por sus propias decepciones amorosas.
Su primer gran éxito fue “Muchachos comienza la ronda”. El título original, “Muchachos se armó la milonga”, debió cambiarse por la campaña que prohibió el lunfardo a partir de 1943. Enrique Campos lo grabó el 6 de agosto de ese año, el mismo día de su debut con Ricardo Tanturi. Tita Merello convirtió “La milonga y yo” en un clásico, y Ángel Vargas registró varios de sus temas: “Boliche de cinco esquinas”, “Si es mujer ponele Rosa”, “Quién tiene tu amor” y “Embrujo de mi ciudad”. Charlo, Alberto Podestá, Floreal Ruiz, Los Panchos y muchos más también interpretaron sus letras.
Desde 1944 integró la comisión de Ceremonial y Homenajes de SADAIC. Caballero elegante, eterno galán y penitente del amor, Díaz Vélez reunió todas las facetas del arquetipo porteño. Al morir dejó más de cuatrocientas composiciones, más de la mitad llevadas al disco, y una obra que sigue viviendo en la memoria del tango.
Raúl Anunciata
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