A 120 años de su nacimiento: Rogelio Capurro, un acordeón que Corrientes no olvida | Elsa Pucay
Entre estaciones ferroviarias, fiestas familiares y escenarios de pueblo, construyó una obra ligada al paisaje correntino. Junto a Carlos Alberto Castellán formó una de aquellas duplas que, sin estridencias, hicieron historia en la música regional.
Ramón Rogelio Capurro nació en Monte Caseros, Corrientes, el 1 de octubre de 1906 y encontró en el acordeón, aprendido casi de oído y sin escuela, la manera de decir lo que llevaba adentro.
Hijo de un empleado ferroviario, conoció desde muchacho distintos pueblos de la provincia. Pasó su infancia entre Saladas y San Roque y finalmente se afincó en Mercedes, donde el encuentro con músicos como Tití Casafus y Pedro Monges habría de darle forma a sus primeros pasos profesionales. Con ellos integró un trío y comenzó a ganarse, presentación tras presentación, un lugar entre los músicos correntinos.
Pero fue en Mercedes donde apareció otro encuentro decisivo: el del poeta Carlos Alberto Castellán. Juntos formaron una celebrada sociedad autoral y llegaron al sello “Odeón”, donde Capurro dejó sus únicas grabaciones al frente de su trío correntino: apenas cuatro temas en aquellos frágiles discos de 78 revoluciones, con Castellán aportando además sus glosas y diálogos.
Quedaron canciones como “Escuchen Corrienteros”, “Yeroki Kirei”, “La mondá”, “San Roque” y “La tabi”. Títulos que todavía parecen traer, desde la distancia, el perfume de los caminos correntinos.
El 1 de septiembre de 1984, en Empedrado, Capurro partió. Pero el acordeón, cuando encuentra su verdadero acorde, nunca termina de callar. Y el suyo sigue sonando en la memoria de Corrientes.
Elsa Pucay
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