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Anduvo por los caminos rurales bonaerenses y los escenarios del Uruguay, su voz y sus versos conquistaron al público rioplatense. Autor prolífico, improvisador de notables condiciones y dueño de una extensa discografía, dejó una obra que mantuvo encendida la tradición gauchesca a ambos lados del Plata.


El pago de Abasto, en el partido de La Plata, lo vio nacer el 26 de octubre de 1889. Evaristo Barrios apenas contaba dos meses cuando quedó huérfano y pasó al cuidado de una hermana mayor, en Atalaya, donde transcurrió su infancia. Los trabajos rurales marcaron sus primeros años; en 1911 se instaló en Ensenada y entró a trabajar en un frigorífico. También fue carnicero, pero el destino le reservaba otro oficio: el de cantor de las cosas nuestras.

Hacia 1917 ya recorría los pueblos bonaerenses con su arte repentista. Improvisaba en distintos metros, componía y sabía interpretar sus versos con una soltura que pronto le ganó el reconocimiento popular. Entre 1918 y 1920 compartió giras con el payador Enrique Boris, llevando la poesía criolla por caminos y fogones.

Su producción fue extraordinaria. Grabó alrededor de setenta placas y publicó más de veinte libros, entre ellos «Relatos Gauchos», «A lo gaucho», «Campo abierto» y «El fogón de los troperos». Las revistas «El Fogón», «Alma Argentina» y «Antena» también dieron espacio a sus composiciones.

A fines de los años treinta o comienzos de los cuarenta se radicó en Montevideo. Allí formó nuevamente una familia y continuó su labor artística, tendiendo puentes entre dos orillas hermanadas por la guitarra y el verso.

El 8 de agosto de 1959 partió en tierra uruguaya. Al día siguiente, un diario anunció: «Calló la guitarra rioplatense…», y comparó su popularidad con la de Gabino Ezeiza, Betinotti y Carlos Gardel. Un reconocimiento que resume la dimensión de aquel payador nacido en Abasto, cuya palabra siguió andando mucho después de su última copla.
 

Autor: admin