El eterno recuerdo de una bella y talentosa mujer del Litoral: ELENA CASAS Y SU HUELLA IMBORRABLE EN EL CHAMAMÉ | Elsa Pucay
La cantora y compositora santafesina, nacida un 16 de octubre de 1917, supo transitar el tango y la música criolla hasta inscribir su nombre en la historia chamamecera. Su obra más difundida, «Inolvidable amor», sigue evocando el sentimiento de una artista inspirada.
El canto estaba en la casa paterna. José Cavanenghi, inmigrante italiano y aficionado a la música, fue quien encendió en Elena Carmen Cavanenghi la llama de una vocación que habría de acompañarla toda la vida. Con el nombre artístico de «Elena Casas», aquella muchacha nacida en Correa, Santa Fe, el 16 de octubre de 1917, encontraría su lugar en la música popular.
En 1937 se radicó en Buenos Aires junto a su hermano Enzo Ángel, guitarrista y cantor conocido como «Enzo Valentino». La radio y los cafetines porteños fueron escenarios para una intérprete capaz de alternar el tango con los aires criollos, sin encerrarse en los límites caprichosos de un solo género.
Pero su nombre guarda también un capítulo singular en la historia del chamamé. En 1963, invitada por Tránsito Cocomarola, grabó «Lucerito», obra del «Taita del Chamamé» en colaboración con Adolfo Barboza. Fue la primera cantante en registrar una interpretación junto al célebre músico correntino. En aquella sesión para el sello «Philips» participó, con su acordeón, Ernesto Montiel.
Autora de cerca de un centenar de composiciones, entre ellas «Claro de luna», «Pero sé que hay algo», «Los tres patitos» y «Jamás te olvidaré», dejó su testimonio más perdurable en «Inolvidable amor», escrita con Ramón Porfirio Chávez y grabada por figuras como Raulito Barboza y Roberto Galarza.
El 14 de febrero de 2007, en Buenos Aires, Elena Casas partió. Sus canciones, sin embargo, la siguen trayendo a esta parte de la vida.
Elsa Pucay
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