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El tango suele guardar en sus pliegues historias de cantores que, sin haber estado en las grandes marquesinas, supieron ganarse un lugar en la memoria de los aficionados. En Alberto Rivas, nombre artístico de Gervasio Eduardo Argul, aplica este destino.

Su camino lo llevó a integrar la última orquesta del maestro Francisco Rotundo, junto a voces de la talla de Roberto Rufino, Nelly Vázquez, Alfredo Del Río y Carlos Reyes. Un conjunto de intérpretes notables, de esos que hicieron del micrófono una prolongación del sentimiento y de cada canción una pequeña historia de Buenos Aires.

También dejó su sello como vocalista en la formación de José Libertella y Luis Stazo, dos bandoneonistas de excepción. Con ellos registró cuatro temas: «Volvamos a empezar» y «Qué risa», en una cara del disco; «Amor de payaso» y «Como se muere de amor», en la otra. Cuatro títulos que permiten evocar una etapa de su recorrido artístico.

El interior del país conoció su canto a través de innumerables giras. En la televisión, su presencia llegó a programas emblemáticos como «Grandes valores del tango» y «El tango del millón», espacios que mantuvieron viva la llama de la música ciudadana.

Buenos Aires, entretanto, le reservó sus noches y sus escenarios. «La Mochila», «El Boliche de Rotundo» y «Vos Tango» fueron parte de ese itinerario de encuentros, aplausos y melodías compartidas.

Alberto Rivas había nacido un 16 de octubre de 1930. Partió el 12 de julio de 1992, pero su voz permanece ligada a una época en la que el tango encontraba en sus cantores el alma de una ciudad.

Autor: admin