Escuchar artículo

El chamamé correntino reconoce en Gualberto Sabino Panozzo a uno de esos hombres que más aportaron a su cancionero. Nacido en Colonia Libertad, departamento de Monte Caseros, el 27 de octubre de 1921, encontró en el acordeón un amigo, al que aprendió a ejecutar sin maestros ni academias.

Radicado en Curuzú Cuatiá, comenzó a animar bailes durante su adolescencia. Junto a Celestino López, Chiquito Insaurralde, Edgar Estigarribia, Gorgonio Benítez y su entrañable compañero Tarragó Ros, recorrió escenarios populares como el club «San Lorenzo», la «Terraza Lucerna» y el teatro «Cervantes». Aunque nunca hizo de la música su profesión, su nombre quedó asociado a aquellas noches de fiesta y tradición.

Hacia 1949 llegó a las audiciones de CW 31 Radio Salto, en Uruguay. También actuó en Buenos Aires, en la Asociación Correntina «Los Hijos del Guarán», y participó de bailes en Monte Caseros y Bella Unión. Con su conjunto «Alma de Chamamé», llevó su estilo a distintas localidades de la región.

Su manera de tocar dejó escuela. Fue el primer maestro de su ahijado Antonio Tarragó Ros y transmitió sus conocimientos a músicos como Rubén Rodríguez.

Entre sus composiciones sobresale «Galleta Collera», chamamé que Tarragó Ros grabó y que innumerables conjuntos incorporaron a sus repertorios. Panozzo nunca quiso registrar sus obras, pero el pueblo chamamecero se encargó de mantenerlas vivas.

El 1 de junio de 1990 partió en Curuzú Cuatiá. En su memoria, Tarragó Ros compuso «Don Gualberto», otro clásico que prolonga el recuerdo de aquel acordeonista cuya música sigue encontrando su lugar en el corazón correntino.

Autor: admin